Nos llamó mentirosos en el programa de Marcelo Tinelli y no nos dejó otra que empeñarnos en demostrar que teníamos razón. En septiembre del año pasado, esta revista publicó una nota en la que develó que Graciela Alfano no se recibió de ingeniera en la Universidad de Buenos Aires (UBA) tal como ella decía públicamente. En aquella oportunidad, Semanario llegó a los archivos de la UBA y logró que –resguardando su identidad– una importante autoridad de la Facultad de Ingeniería confesara: “Alfano no figura en nuestros registros como egresada de esta casa de estudios”. La entonces jurado de “Bailando por un sueño” se convirtió en “la Blumberg del espectáculo” pero como la UBA no había entregado oficialmente información que corroborara que estábamos ante una “ingeniera trucha”, la vedette aprovechó para negar todo.
“Esa nota no tiene credibilidad”, opinó. “Si entrás a la Facultad de Ingeniería y decís ´soy periodista, quiero saber si Graciela Alfano se recibió o no´, te mandan a Jamaica. ¡Nadie te da bola! Yo soy ingeniera civil hidráulica, ésa es la verdad”, sentenció. Tinelli deslizó que le gustaría ver el diploma y ella respondió que se lo mostraría a todo aquel que esté dispuesto a pagar para verlo.
Sin teoría de la relatividad.
En septiembre del año pasado empezamos a juntar paciencia. Ese mes, Semanario le presentó al decano de Ingeniería y al rector de la UBA una carta que explicaba que un decreto (el 1172/03, conocido informalmente como “acceso a la información”) nos habilitaba a saber si Alfano estaba o no recibida. Nueve meses más tarde y tras lidiar con muchas de las trabas burocráticas habituales en nuestro país, estamos en condiciones de demostrar que, tal como publicamos el año pasado, Alfano mintió, pues jamás finalizó la carrera.
“No se han encontrado antecedentes relacionados con la expe- dición de diploma universitario alguno a favor de Graciela Alfano”, escribió el subsecretario de Asuntos Jurídicos de la UBA, Leandro Vergara, el 19 de junio de 2008 en el expediente que tuvo que abrirse sobre el caso (N°3166/07). Allí también consta el testimonio del subsecretario del Departamento de Alumnos de Ingeniería, Aldo Yoder. De su puño y letra puede leerse: “Solo consta que fue alumna de esta casa de estudios Graciela Inés Alfano, habiendo aprobado la última asignatura el 22/04/1976”. Esto demuestra que –como publicamos el año pasado- la vedette cursó parte de la carrera pero jamás la terminó. Además, un dictamen de la directora de Asuntos Jurídicos de la UBA, Marta Navas, explica que es legal que la universidad nos haya brindado la información que requerimos porque esa universidad es “un ente público estatal, autónomo y autárquico” que “otorga títulos de carácter público y oficial.”
Se quemó hasta las pestañas.
Así es como la infartante rubia que en 1976 subía las escalinatas de su facultad para posar en las fotos de una nota titulada por Clarín revista “Una estudiante modelo”, ahora comprueba la infalibilidad de la ley de gravedad de Isaac Newton, aquella según la cual ahora le toca bajar a la Tierra.
En realidad, se puede afirmar que Alfano entró en una suerte de caída libre porque el artículo 247 del Código Penal argentino establece que arrogarse un título universitario constituye un delito (llamado usurpación de títulos y honores) que se pena con multas de entre $750 y $12.550.
“Este delito no es muy habitual, se ven muy pocos casos”, dice el abogado penalista Gonzalo Romero Victorica. “Al ser castigado con una pena de multa, el individuo que sabe que el título que evoca es falso, puede pagar para extinguir la acción, con lo cual la consecuencia inmediata es el sobreseimiento", agrega. Cabe aclarar que el ejercicio ilegal de la profesión (como fue el caso de Giselle Rímolo) constituye otro delito, diferente, al que le cabe otro artículo del Código Penal y otra pena.
Fush fush al "ser o no ser"
Está claro que la carrera de Alfano no pasa por ser o no ser ingeniera. Triunfó como modelo publicitaria, filmó veinte películas (algunas con grandes del humor como Alberto Olmedo y Jorge Porcel), hizo teatro, televisión y hoy, con 55 años, conserva un cuerpo privilegiado y sigue siendo un ícono de belleza y sensualidad. Quien la descubrió en las playas de Mar del Plata a mediados de la década del ´70, el fotógrafo Osvaldo Dubini, también llega a esa conclusión. “Que ahora se descubra que no es ingeniera no implica el final de una carrera de 35 años”, opina quien la catapultó a la fama gracias a un concurso fotográfico de Miss 7 Días.
En tanto, en la Facultad de Ingeniería de la UBA, se pueden rastrear opiniones encontradas, pero en general, el tema causa gracia, sobre todo en el alumnado. “A mí no me afecta que diga que está recibida. Me parece un poco una falta de respeto hacia aquellos que estudiamos, pero bueno... estaría bien que Alfano vuelva a estudiar acá. En esta carrera hay muy pocas mujeres”, lanza Ariel Melba, un alumno de quinto año.
En fin, contar con una respetable y prolífica carrera en el mundo del espectáculo no significa tener licencia para faltar a la verdad.
Mariana Comolli
Fotos: Cedoc Perfil y Mariana Comolli
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